Cómo es y cómo vive
La pardela cenicienta es un ave marina de color ceniza, con las alas largas y estrechas. Está hecha para volar sobre el mar durante horas, aprovechando el viento para deslizarse casi sin batir las alas.
Pasa casi toda su vida en el océano abierto. Solo se acerca a tierra para criar, y lo hace en Canarias. Anida en cuevas y huecos de la costa, donde saca adelante a su cría antes de volver al mar.
Se alimenta de peces y otros animales que captura cerca de la superficie. La verás planear a ras de agua, siguiendo el oleaje con una elegancia que engancha.
Cuándo la vives a bordo
Es habitual verla planear a ras de agua durante nuestras salidas. A menudo aparece sola o en pequeños grupos, cruzando cerca del velero mientras busca comida.
Su vuelo es uno de los pequeños placeres de navegar por la Franja Marina Teno-Rasca. No hace ruido ni llama la atención, pero quien la observa un rato queda prendado de cómo domina el viento.
Como con toda la fauna, la miramos sin molestarla. Forma parte del paisaje vivo del mar, y respetarla es parte de disfrutar la salida.
La voz que inspiró leyendas
De día la pardela es discreta. De noche cambia. Sus llamadas suenan como lamentos, casi como voces humanas en la oscuridad.
Se dice que ese canto extraño, oído desde el mar de noche, pudo alimentar la leyenda de las sirenas. Los marineros de antaño escuchaban esos sonidos sin ver al ave, y su imaginación hizo el resto.
Sea cierto o no, la historia añade misterio a un animal ya de por sí fascinante. Cada vez que una pardela cruza junto al barco, lleva consigo un pedazo de esas viejas historias del mar. Observarla planear en silencio, sin molestarla, es una manera sencilla de conectar con ese pasado marinero que estas aguas siguen guardando.