Qué ocurre cuando fondeamos
Fondear es detener el velero y sujetarlo con el ancla. El ancla baja hasta el fondo y agarra, de modo que el barco se queda quieto en un mismo sitio aunque haya corriente o algo de viento.
En ese momento apagamos el motor. El barco deja de avanzar y todo se calma. Ya no hay ruido de máquinas, solo el agua contra el casco y el sonido de la costa.
Ese silencio es parte de lo que compartimos. No fondeamos para hacer una parada más. Fondeamos para dar espacio a un rato tranquilo en medio del mar.
El mejor momento de la salida
Para muchos viajeros, fondear es el instante que más recuerdan. Cuando el mar lo permite, buscamos un punto de aguas tranquilas junto a los acantilados y echamos el ancla.
Entonces empieza lo bueno. Puedes bañarte en agua limpia y transparente. Puedes hacer snorkel, ya que prestamos el material y no hace falta experiencia previa. Y hay un aperitivo para disfrutar sin prisa, con los acantilados de fondo.
Todo sucede a bordo de nuestros veleros, en grupos reducidos. Nadie se agolpa. Cada persona tiene sitio para disfrutar del baño y del descanso a su ritmo.
Por qué no siempre en el mismo lugar
El punto donde fondeamos no es fijo. Depende del estado del mar ese día concreto.
El patrón elige el lugar más resguardado y seguro según las condiciones. La costa suroeste de Tenerife suele estar en calma porque queda protegida de los vientos alisios, pero el mar cambia y mandan la seguridad y el respeto al entorno. Si un día no se puede fondear con garantías, se busca otra opción. La comodidad de quienes van a bordo y el cuidado del fondo marino siempre van primero.