La parte en la que navegamos
Una travesía es un viaje por mar de un punto a otro. Tiene un rumbo, es decir una dirección, y una duración.
En una salida es el rato en el que el velero se mueve por el agua. Salimos del puerto, ponemos rumbo a la costa de los acantilados y navegamos. Es el corazón del día en el mar.
Durante la travesía pasan muchas cosas a la vez. Se siente el viento, se mira el horizonte y se buscan cetáceos con calma. No hay una agenda apretada. Hay tiempo para disfrutar de cada momento.
Cómo la vivimos a bordo
Nuestra travesía discurre por la costa suroeste de Tenerife, dentro de la Franja Marina Teno-Rasca. Es un espacio protegido de la Red Natura 2000, un mar con vida que cuidamos.
En cada salida va un patrón profesional al mando y un guía especializado. El patrón lleva el barco con seguridad. El guía te ayuda a entender lo que ves, desde un ave marina hasta un grupo de delfines.
Cuando aparecen animales, la travesía se vuelve muy lenta. Reducimos la marcha y guardamos silencio. Ese silencio a vela es lo que deja que la fauna se acerque por su cuenta. No perseguimos: acompañamos.
Un viaje que se disfruta por el camino
En muchos viajes lo importante es llegar. En una travesía a vela ocurre lo contrario. Lo bueno pasa durante el trayecto.
El paisaje ya es un regalo. Los acantilados de Los Gigantes se levantan enormes sobre el mar y se ven desde el agua como en ningún otro sitio. A eso se suman el olor a salitre, el balanceo suave del velero y la sensación de tiempo que se estira. Para nosotros eso es lo que compartimos: no una excursión de un sitio a otro, sino una experiencia que se saborea sin prisa.